Bueno esta vez dejo de lado un poco la publicación de los capítulos para subir un pequeño escrito que hice junto a mi esposa, un "Cadáver exquisito", lo cual en resumen trata de una historia escrita por dos personas en el que básicamente cada uno escribe un párrafo para continuar la historia sin que se vean los anteriormente escritos. Sin mucho que decir solo me queda decir que el párrafo inicial es el mio, el siguiente de Yushiko-chan y así sucesivamente.
Es en noches tan frías y tormentosas como esta en la que el golpeteo en los cristales de la ventana en mi habitación me impide conciliar el sueño, dejándome a merced de la oscuridad y soledad que las murallas de mi cuarto albergan para mí. Noches como estas en las que divagar en los recuerdos del día a día parecen ser lo único que ocupa mi mente en busca quizás de fatigarse a sí misma.
Sin embargo, noches como esta también da un aire siniestro que se refleja hacia mí ser como rayo de luna y vuelve a mi mente contra su dueño. Es entonces cuando mis pensamientos antes amigos que me susurraban de días felices se transfiguran en los más fieros rivales que tratan de subyugar mi mente con recuerdos de acero que hacen llorar mi alma atormentada cuyas heridas preferiría no remembrar.
Palabras de apoyo falsas, esperanzas de una vida futura mejor y un porvenir que mantenían mis acciones ligadas ante los pensamientos ante lo que vendría quizás seria turbio pero de cierta manera, lleno de ilusiones que me hacia encaminarme hacia un abismo oscuro y desconocido, quizás tan tenebroso como las mismas tinieblas sembradas actualmente en mi habitación y la cual irónicamente, era acentuada por los relámpagos ocasionales que atravesaban el cielo.
Relámpagos que en medio de mi letargo parecían representaciones retorcidas de las traiciones por mi vividas provenientes de las manos menos inesperadas las cuales desgarraron en más de una ocasión mi espíritu así como estos rayos quebraban el cielo nocturno, haciéndolo temblar y encendiéndolo por completo aunque solo fuese un segundo.
Recuerdos dolorosos que me provocaron inconscientemente recargar potencialmente mi peso en los cristales, preguntándose quizás cualquiera en qué momento es que me había acercado tanto a la ventana, aunque el estar arrodillado sobre mi cama podría darme una respuesta más que convincente, siendo distraído aun así por la imagen reflejada de mi mismo en el ventanal, ¿Cuánto tiempo hacia que no me había visto así?, no pude evitar susurrar al viento.
Esa sombra de hombre tenía su rostro cadavérico vuelto hacia mí e incrustaba su mirada completamente apagada en mis ojos. Quise entonces tratar de tocar a ese prisionero de la ventana con mi mano al mismo tiempo que mi alma ahogo un grito al observar como el imitaba cada uno de mis movimientos hasta que las puntas de nuestras manos se tocaron apenas separados por el delgado cristal del ventanal. “Me he convertido en prisionero”- pensé mientras una mueca torcida surgía tanto en mis labios como en los de mi reflejo.
Prisionero de mis emociones, de mis pensamientos y mis debilidades que salían a flote siempre que los recuerdos melancólicos de mi fallido pasado salían a relucir y marchaban por mi mente uno tras otro, en un intento por hacerme ver lo patética que era mi existencia en realidad, al confiar en otros y creer siempre ciegamente en lo que me prometían y me aseguraban tal cual niño ante la promesa de los caramelos que tanto adoraba. – ¿Por qué? - . No pude evitar preguntarme al revivir cada traición que rompía progresivamente mi atormentaba y frágil alma.
Un pensamiento tan siniestro como el ambiente que dominaba mi recinto cruzo mi mente: Usar mi mano para romper ese delgado cristal como mis pensamientos hacían con mi alma tal vez podría aliviar un poco mi agonía. Tan ensimismado estaba dándole vueltas a esa idea que no escuche los ligeros pasos que se acercaban poco a poco temblorosamente, apenas y rompiendo el silencio.
“Papá, puedo dormir contigo? Los relámpagos me asustan”
Escuchando aquella débil e inocente voz, mi atención no tardo mucho en dirigirse hacia su origen, encontrándome casi de inmediato con la mirada temerosa de mi pequeña, aquella linda niña que a pesar de poseer casi una decena de primaveras, seguía siendo la bebita que alguna vez sostuve en mis brazos. Evaporándose progresivamente la tristeza conforme mis ojos recorrían su rostro, centrándose en aquellos mechones oscuros que adornaban el contorno de sus redondas y tiernas mejillas, así como los grandes y tiernos orbes celestes que sin lugar a duda heredo de ti. Dios, cuanto se parecía nuestra hija a ti amor mío.
Abrí mis brazos tratando de alcanzar siquiera a rozarla, pero así como un poeta en búsqueda de tocar una descripción para el amor me parecía imposible que aquel ángel pudiera ser atrapado entre mi abrazo. Eso hizo que mi sorpresa se reflejara con mayor intensidad en mis ojos cuando mi frágil pequeña corrió la distancia que había entre nosotros y estrecho su ser contra mi cuerpo, arrasando todo vestigio de dolor purificándome con esa ternura que siempre lograba conmover mi corazón.
No tarde mucho en corresponder aquel sincero gesto, agradeciéndole mentalmente a mi pequeña por estar ahí, en el justo momento en el que parecía que me hundiría en lo más profundo de mis desesperaciones, surgiendo ella como un rayo de esperanza que devolvió el brillo a mis ojos y una sonrisa apenas percibida entre mis labios, aquellas características que relucían en solo ante tu presencia y ahora, ante la de nuestra hija. Volví mi vista hacia ella, notando entonces como su mirada suplicante parecía aun pedirme la respuesta a su anterior pregunta por lo que sin dudarlo asentí mientras le regalaba la mejor de mis sonrisas. Mis melancolías eran mías, por lo que no dejaría que afectaran en lo más mínimo al retoño que había surgido de nuestro amor.
“Aún están despiertos?”- susurro una tercera voz al son que una figura entro a la misma habitación. “Intente tranquilizarla, pero ella quería dormir con nosotros por la tormenta… Y le dije que te pidiera permiso a ti, mi vida.” –siguió diciendo la voz antes de que un nuevo rayo hizo que mi pequeña hija se estremeciera entre mis brazos al mismo tiempo que la luz de aquel relámpago revelara la identidad de esa figura ante mis ojos.
Si alguna señal de tristeza se había quedado en mi semblante, al ver a aquella femenina dueña de mis pensamientos, mis emociones y mi corazón al cruzar el umbral de la puerta y dirigirse hacia nosotros, antes de depositar un cálido beso en mis labios así como llevar gentilmente un brazo hacia la cintura de la niña y hacerle sentir nuestro cariño mutuo.
- ¿Es cierto, quieres dormir con nosotros pequeña? - .Pregunte suavemente, saliendo mi tono que dejo atrás mis anteriores lamentos, dejando solo espacio para la felicidad así como la risa que emití al ver como la pequeña asentía sin dejar nuestro abrazo.
“Entonces, ya está decidido.” –susurro mi compañera de vida juguetonamente. “Papá y yo te protegeremos de los rayos, no tienes porque temer.” Al escuchar las palabras de mi esposa, mi pequeña niña sonrío aliviada, dejando ver los pequeños colmillos característicos de las criaturas infernales como nosotros.
Quien pensaría... Que la más tenebrosa tormenta puede convertirse en la escena de un bello momento.
Quien pensaría… Que también puede haber un paraíso en medio del infierno.
Al menos, teniendo a mi amada y a mi retoño a mi lado, yo ya tengo el mío.
♥Kassia ♥ Aria ♥ Abdell ♥
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